En una misma semana coincidí con 4 mujeres que tenían algo en común, la cesárea:

 

La primera era una mujer embarazada de su primer hijo, en la semana 39 de un embarazo normal, a la cual su ginecólogo le había programado una cesárea por supuestamente bebé grande .
Ella no la aceptó y no acudió a su cita de quirófano, porque sentía que deseaba ponerse de parto.
Él le dijo textualmente : “hará falta un milagro de Lourdes”.
El dia que se puso de parto entró en la clínica a 4 cms de dilatación. Enseguida le dijeron que no merecía la pena intentarlo, y aunque estaba todo bien con el bebé,  le harían cesárea, “total… para que quería pasar toda la noche, si luego se la harían igual …”
Así que al cabo de una hora de ingresar, nacía el bebé por cesárea. La mamá dijo que por lo menos regaló 11 días más de embarazo a su bebé, en vez de nacer el día que quería el ginecólogo.
Algunos ginecólogos prefieren programar y practicar cesáreas políticament incorrectas, sin ni siquiera permitir un trabajo de parto a las mujeres, en los casos en que no existe indicación absoluta para cesárea.
Hoy en día existe evidencia científica de los beneficios de practicar la cesárea durante el trabajo de parto, y por tanto cuando programan una cesárea no tienen en cuenta los beneficios demostrados de tener contracciones antes de hacer la cesárea, tanto para la madre como para el bebé.
I lo más grave de todo en estos casos son las consultas de embarazo, enfocadas con un efecto nocebo sobre las mujeres: o es un bebé grande, o eres bajita, o no está encajado, o tienes una cesárea anterior … somos casi todas defectuosas para determinados profesionales y en determinados hospitales… cuando en realidad mandan su agenda y tiempo personal por encima de todo lo demás y no existen ni protocolos, ni profesionalidad, ni respeto.

La segunda, es una mujer embarazada de su segundo bebé. El primero nació por cesárea en la misma clínica, dilató todo lo que pudo sin epidural y a 7 de dilatación no podía más y la pidió. Al cabo de una hora y media con la epidural, y además con el mismo tiempo en dilatación completa, el ginecólogo le dijo que no esperaba más, y aunque todo estaba bien con el bebé, le hizo una cesárea.
Ahora lo que más desea es parir vaginalmente a su bebé con tiempo y ya le están hablando con 20 semanas de hacerle otra cesárea.

Es curioso como algunos ginecólogos no conocen que las sociedades científicas a las que pertenecen, establecen unos protocolos de tiempos de parto que como mínimo deberían respetar, sin mirar el reloj,  además de la posibilidad del parto vaginal después de cesárea.
Pués no, ya le están diciendo que si no pudo parir la primera vez, ahora tampoco… increíble… la falta de apoyo y actualización…o se trata de otros motivos?

Creo que en el fondo no se plantean de veras lo que están haciendo con su trabajo, las consecuencias en todos los aspectos de manejar así a las mujeres y a sus bebés,
induciendo o programando, con impaciencia y sin resolver saludablemente los casos.
Tampoco disculpo a las comadronas que forman parte de este maltrato obstétrico, que trabajan robotizadas y sonrien, anulando con su silencio a las mujeres.

 


La tercera es una mujer que hace unos años tuvo una cesárea urgente a las 33 semanas, y que su segundo embarazo ha culminado en un parto natural largo y muy trabajado en el Hospital Pius de Valls, con su periné intacto sin ningún punto, y siendo uno de los trabajos de parto duros y difíciles que he asistido y recordaré.
Es la fuerza de una mujer , que ha vivido anteriormente el estrés traumático de la cesárea urgente y de la separación de su primer bebé durante dos semanas, y que parió con toda su fuerza para poder reunir pronto a su família.
En este caso trabajamos con una ginecóloga que apoyó el caso y respetó toda su evolución alentando y felicitando a la mamá tras conseguirlo. Gracias Dra Wong y a todo el equipo de ginecología del Hospital Pius de Valls, que se esfuerza en que las mujeres tengan partos respetados.

 


La cuarta es una mujer que ha escrito en el blog, diciéndome que después de 16 horas de parto y terminar en cesárea, le podían haber practicado directamente una cesárea, y ahorrarse sufrimiento.

El trabajo de parto siempre es un gran esfuerzo y es cierto que no siempre termina como nos gustaría.
Me acuerdo que cuando empecé a ejercer y sucedía una situación así, me preguntaba … porqué, porqué … mil veces!

Ahora lo vivo entendiendo que, si hemos acompañado respetando la fisiología y no puede ser un parto por via vaginal, entonces bienvenida sea la cesárea en trabajo de parto,  porque hay bebés que  necesitan nacer por cesárea, que también es una hermosa forma de nacer, cuando es respetada y necesaria.

 

Es mucho mejor una cesárea en trabajo de parto que una programada.

Os explico porque:

  • Las contracciones uterinas adelgazan el segmento inferior del útero, donde se realiza la incisión, y en consecuencia la el sangrado és menor y la cicatrización más rápida y efectiva.
  • El trabajo de parto libera hormonas que impregnan al bebé y le preparan para la adaptación a su vida extrauterina. Os recomiendo la lectura de la entrada del blog “Mi querida oxitocina“, para conocer la importancia de los efectos de la oxitocina en el bebé.
  • Las contracciones disminuyen las posibilidades de que el bebé tenga problemas respiratorios que padecen muchos de los nacidos por cesárea, no solamente tras el nacimiento, sino toda su infancia.
  • Desde un punto de vista bacteriológico, existe una diferencia fundamental entre el nacimiento vaginal y el nacimiento por cesárea. La flora intestinal de un bebé nacido por cesárea es diferente de la que habría tenido si hubiera nacido en condiciones fisiológicas y la influencia de la manera de nacer en la respuesta inmunológica se detecta durante mucho tiempo.
  • Las mujeres que experimentan trabajo de parto antes de la cesárea tienen menor incidencia de depresión postparto.
  • La producción de oxitocina y las contracciones de parto facilitarán la aparición de prolactina después de la cesárea, es decir, es más fácil el éxito de la lactancia materna en cesáreas con trabajo de parto previo, que en las cesáreas programadas.

 

Y algo muy importante, el primer acto libre debería ser el nacimiento.


Nuestra forma de parir y nacer es un reflejo de nuestra sociedad, de como nos relacionamos, de como nos alimentamos, de como nos amamos, de como vivimos y de nuestra libertad de elección y aceptación de la vida.